martes, 1 de septiembre de 2009

Otros Mundos (IV): Walking Around (Pablo Neruda)

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.



miércoles, 29 de julio de 2009

Estos Mundos (V): Realidades II

Puestos a sobrevivir imbecilidades, mejor postular absurdos: que una llamada sea un ramo de flores estallando en la cara, que un correo electrónico sirva como derecho de ciudad en vez de fuente de irritación...así, las auténticas sensaciones de irrealidad se conviertan en lucidez extrema, en instantes de entrevisión de un centro a través del marco de una puerta entrecerrada, de una esperanza de locos en pijama.

martes, 14 de julio de 2009

Otros Mundos (III): Maga

O hagámonos clochards.

Que nuestra preocupación sea sólo sacar sonidos de viejas trompetas abandonadas.

Trabemos amistad con los perros y los cantos rodados, hagamos el amor entre farolas feroces y florestas asfaltadas.

Pasemos el resto de nuestras vidas juntos, que la circunstancia sea todo lo que nos rodea, ajenos, mientras cojo tu mano y juego a leerte el futuro cuando lo único que nos importe sea el presente.

El Horror (III): Los Trueques Sutiles

Me miro al espejo.

Tengo un vértigo como de mí mismo.
Tengo ganas de olvidarme de todo, de abandonarme al suave rumor de las horas, pero cada instante se me clava en la espalda.

Sé que en algún momento hubo Ciudad, que fui feliz en tierras remotas, pero ahora sólo estoy hecho de cenizas, de renuncias que no llegan a concretarse en algo sólido.

Si por lo menos fuera capaz de volverme loco, de quemar las naves. Pero aquí estoy, vomitando palabras como quejidos herrumbrosos en lugar de cortarme las venas.

En qué momento mis pisadas dejaron de echar sus trenzas a volar.
Siento ahora el peso de los días, la corteza de lo cotidiano rezumando hastío.

En qué momento la realidad se devaluó hasta perder por completo su significado.

domingo, 12 de julio de 2009

El Horror (II): La Locura


Hay formas de la Locura que nos habitan en momentos inesperados: un perro aullando más allá de la última farola, la incapacidad comunicativa, un vértigo sordo que nos poseyó en aquella discusión. Son formas transitorias, translúcidas.

El miedo auténtico, el que no borra el humo de las calles, sobreviene cuando las siluetas gelatinosas del cansancio, cuando se diluye el tiempo en un vaso de precipitados.

En una noche sin estrellas me abandonara, como las hojas al viento, vagando entre neones titilantes preguntándome el camino de vuelta a casa, entre botellas solitarias y camiones de limpieza con agua a propulsión.


Imagen: Relativity, Escher (1953)

sábado, 13 de junio de 2009

Machina (III): Los viajes.


Llega el verano y algún impulso sutil empieza a poner en marcha los engranajes que nos piden huir a cualquier otro lugar, escapar por unos días, animales migratorios, de la rutina que empieza a enmohecerse incrustada bajo las almohadas.

Debe ser la sangre impulsada por el corazón, que late de nuevo loco de alegría, de expectación, que llega violenta a todos los rincones que habían quedado ateridos todo este tiempo.

Se acercan los viajes.



Imagen: Muro de Gaza, Banksy.

jueves, 4 de junio de 2009

Estos Mundos (IV): Realidades.

Sentía, de vez en cuando, unos accesos de alegría terribles. Súbitos. Le apetecía saltar bancos, tumbarse en el césped y jugar a ver figuras en las nubes. Unas ganas enormes de fotografiar flores o insectos, tomar los coloridos reflejos y ponerlos como fondo de escritorio. Sentía que la vida le exudaba por la piel, le asaltaban los colores, los aromas, todo se le echaba encima como explosiones floridas.

Le apetecía en esos momentos plasmar las sensaciones en papel y enviarlas en cartas anónimas. Entonces, cogía un pliego blanco y unas pinturas de madera, o una agenda y un bolígrafo y se sentaba dispuesto a volcar todo.

Le sucedía también que como se sentía torpe e incapaz de conseguir tal objetivo, la mayoría de las veces se frustraba, arrugaba los papeles emborronados, tiraba los enseres a la esquina más alejada de la habitación y se acostaba rumiando un mal humor latente.

Como siempre también, terminaba soñando con días enteros remoloneando en la cama, con mariposas en el estómago, con su mano cálida apoyada en su nuca, lo cual era un contrasentido de nuevo porque cuando se despertaba y trataba de pasar su brazo por encima de su cintura y ella estaba a 11000 km de distancia, le dolía caer en alucinaciones tan grotescas, tan evidentes para la vida real.

Poco a poco empezaba a dibujarse en su mente la certeza de que el origen de su incapacidad para imaginar personajes de novela opacos, sólidos, radicaba en que lo más impensable de su vida era en realidad lo que le sucedía a diario, lo cotidiano.