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sábado, 19 de junio de 2010

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And they came to the river
And they came from the road
And he wanted the sun
Just to call his own
And they walked on the dirt
And they walked from the road
'Til they came to the river
'Til they came up close

Throw your pain in the river
Throw your pain in the river
Leave your pain in the river
To be washed away slow

And we walked without words
And we walked with our lives
Two silent birds circled by

Like a pain in the river
And the pain in the river
And the white sun scattered
Washed away this slow

And we followed the river
And we followed the road
And we walked through this land
And we called it a home
But he wanted the sun
And I wanted the whole
And the white light scatters
And the sun sets low

Like a pain in the river
Like a pain in the river
Like a white light scatters
To be washed away slow

Like a pain in the river
Like a pain in the river
Like the way life scattered
To be washed away slow


http://www.youtube.com/watch?v=b0q8dV5oZ8A

martes, 30 de marzo de 2010

Machina (VI): Los Intercesores

Temblaban las lámparas, dormían todas nuestras avenidas. Si la noche había venido a comerciar con nosotros -amantes de los trueques- animales dormidos u horas de descanso, la ignoramos en un fulgor de piel e insomnio, de caballitos de mar en fuga.

Sin haber considerado todas las posibilidades, nos veíamos embarcados en una lenta inacción que nos consumía despacio, empezando a la altura de las amígdalas. Esos días los invertíamos en pensar que nuestra inmovilidad enmascaraba un anhelo de inmortalidad de flores secas o de jardín zen, y nos regocijábamos en una especie de estopa metafísica imbuída por la certeza de no estar haciendo las cosas porque había que hacerlas, o haciendo pasar el tiempo como a una sirena por la tabla de acrostolio.

Perdíamos el tiempo, nos perdíamos en las horas, y sólo pensar en estas frases hechas nos hacía retorcernos de risa y mirarnos a los ojos más hondamente.
Pensábamos en todos los momentos que habían ejercido de puente entre nosotros, de salvoconducto entre lo que llamamos larealidad y aquello a lo que nos íbamos pareciendo sin casi percibirlo, a un acercamiento de insectos tocándose las antenas para reconocerse.

domingo, 21 de febrero de 2010

Machina (VI): Frío

Me gusta el frío que se cuela entre la ropa y se clava en el cerebro, haciéndote llegar a niveles insospechados de consciencia.

Te hace sentir vivo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Machina (V): (Get a) Free Day.

Hay un patrón dibujado latente en mis manos
cuando no escribo.

Hay un pulso secreto en la Ciudad
cuando los ritmos conductuales se distorsionan y no podemos distinguir
entre la vigilia
y esa hora de la madrugada en que nos despertamos y no somos ya capaces
de posicionarnos
en tiempo y espacio.

Dibujos sutiles, filigranas, que como buenos insectos pisoteamos
las mañanas en que no acudimos al trabajo.

las líneas que siguen recorridos imaginarios, invisibles para todos.


Menos para mí.


Porque yo soy el inventor de este mundo.

domingo, 4 de octubre de 2009

Machina (IV): De lo Nuevo y De lo Viejo.

El secreto de la felicidad apunta, a pesar de lo que afirmen algunas personas, a una constante renovación del entorno: manteniendo unas constantes vitales constantes que configuren un armazón compacto, introducir de a poco pequeñas variaciones, retos estimulantes que nos empujen a un estado de cavitación interna, de remodelado estocástico de las sensaciones. Una especie de entropía perceptiva y proprioceptiva, si se me permite el doble símil.

La clave de este secreto, a su vez, nos es incospícua de nuevo. ¿Qué tendrán que ver las células con los cometas, los microscopios con las singularidades gravitacionales? Lo inalcanzable de sus maravillas, la absoluta incomprensión de los misterios que eluden nuestra mirada miope, imprecisa...

En un ocaso ocre me dejara llevar por el suave murmullo de una conversación sin hora de caducidad, en una conjunción de singularidades de las que, sin saberlo, te refrescan la perspectiva, soplo de aire fresco a los facultades mentales adormecidas por la falta de ejercicio y el exceso de atrición del punto de mira.

Como los astros, como las diminutas maravillas de arquitectura biológica, los amigos son un tesoro pocas veces valorado como se merece.

sábado, 13 de junio de 2009

Machina (III): Los viajes.


Llega el verano y algún impulso sutil empieza a poner en marcha los engranajes que nos piden huir a cualquier otro lugar, escapar por unos días, animales migratorios, de la rutina que empieza a enmohecerse incrustada bajo las almohadas.

Debe ser la sangre impulsada por el corazón, que late de nuevo loco de alegría, de expectación, que llega violenta a todos los rincones que habían quedado ateridos todo este tiempo.

Se acercan los viajes.



Imagen: Muro de Gaza, Banksy.

domingo, 3 de mayo de 2009

Machina (II): La Clase Obrera.


Cuando se pierde la motivación, se empieza a acudir al laboratorio maquinalmente, cumpliendo horarios estrictos (es-tric-tos) y siendo eficiente, productivo, pero no ya creativo.

Insecto Obrero, obedezco a los latidos no ya de mis impulsos sino a los de las esferas blancas en la pared del fondo. Son mis ocho horas de autómata, de maniquí.

Y es tan suave el rumor de la colmena que me sincronizo con el resto de animales mercantes, que el tiempo fluye a través de mis alas como si de veras no doliera; todos los dientes encajando en sus engranajes, la colmena sobreviviendo sin distorsión apartente en su mecánica de Ser monstruoso sin objeto cuando en realidad todo se pudre desde las vísceras.

But you know, we're getting better.


(Imagen: La Balsa de la medusa, Gericault, 1819)

domingo, 12 de abril de 2009

Machina (I): Sempervivens


Presentan algunos insectos pautas conductuales estrictas: tienen algo de engranaje, de nave alienígena, de polea los sinuosos senderos que unen el cadáver de un ave pequeña con el montículo que es campamento base y guarida, zona y ciudad.

Puedes verlas también al coger el metro casi siempre a horas extremas: increíblemente hormigas o polillas, los insectos dibujan con sus bolsos y sus manos patrones que no comprenden, que se transmiten [degeneración en generación] de generación en generación.

Son tan hermosas esas filigranas heredadas, posiblemente por lo ingenuo de su naturaleza, por esa tranquilidad con que los coleópteros ejecutan gestos que les sobrevivirán, el disfraz que utilizará distintos cuerpos cuando los de ahora se le queden resecos.

Sedimentos de precisión ajenos, maquinarias sutiles que nos habitan y que tal vez sea la Esencia que Sartre.

Y así nos va, claro.

(Imagen: Siemprevivas. Miguel Foronda, 2008)