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jueves, 8 de julio de 2010

El Horror (IV): En Blanco


Los días se diluyen como ceniza en un vaso. Cada horizonte que entreveíamos ha resultado ser un poso de alga, de isla sin náufrago.
Me encierro.
Pienso en tí como en una gota indisoluble, crisol de brumas y de hueso molido.

Ato unas palabras con una roca y sin embargo nunca me atrevo a lanzarlas al mar. Cada cosa que escribo huele a sobada, a vieja leyendo un tarot barato. Compro periódicos usados, y con ellos construyo una nueva biblioteca. Guardo balas de cobre y de barro en un cajón con llave; son las balas que usará cualquier otra persona, pero no yo, y menos con este disfraz de falso escritor, de falso suicida.

Mastico literatura como quien busca un tesoro inexistente; me canso, en definitiva.


Reconozco (y eso no va a salvarme, ni mucho menos, de los arañazos en las entrañas) que estoy en blanco.

jueves, 1 de julio de 2010

Fondos de armario (II): El temblor de la carne.

Este parque negro en el que me siento a escuchar la noche desprende un aroma demencial. Hay ruidos de sirenas, condescendencia de los árboles hacia todo lo que se expande ahí fuera gritando. Sombra, astrolabio, clepsidra, todos nombres susurrantes.

Y yo aquí sentado, rumiando, postulando el aborto del demiurgo.

El suelo se desdobla, emite carcajadas simiescas. De las rocas diminutas del suelo surge una mujer desnuda. Grita, empuja una calavera con la cabeza. Se retuerce entre el polvo, se sumerje entre la doble capa como un pez reseco.

"Soy lo que quise ser, más el dolor de serlo", dice un hombre a su espalda. Está vestido, y eso ya constituye toda una ofensa a la armonía de la escena.

Anochece; y sin embargo la escena es bastante luminosa, o tal vez sea más correcto decir clarificadora.

Las farolas gritan canciones piratas de amor, de sirenas. Los buitres revolotean entre los cadáveres, sin tocarlos.

5/04/2008

lunes, 28 de junio de 2010

Fondos de Armario (I): Talk Show Host #3

Estoy en Madrid, es de noche y no sé hacia dónde apuntan mis uñas. Sólo sé que siento una especie de anhelo de un interregno, de un suicidio colectivo de los tigres de felpa rosa encerrados aquí dentro.

Aporreo sobre las teclas como quien baila el cascanueces con un disfraz de astronauta. Astronauta, astrolabio, sueños. Palabras, al fin y al cabo. Y todo para decir que estoy como embotado de mí mismo.

Vuelvo a intentar tejer, con mi disfraz cauteloso de estudiante. Vuelvo a recoger migas y juntarlas y hacer algo que asemeje un todo aunque no lo sea, vuelvo a ensalivar pequeños trozos de mí y esperar que este crisol asustado se decida a cauterizar la herida. O a abrirla del todo de una vez, mejor el rojo brillante que las supuraciones lentas, tan postergadas, tan reptiles dormidos.

Así que aquí me tenéis de nuevo, exhibicionista impúdico: valiente, desnudo, pero replegado sobre mí mismo para mostrar lo menos posible.

Que total: si siempre acabo echando de menos en forma de futuro perfecto a las personas que más me arropan, a las que puedo tocar con sólo estirar mis dedos, siempre me sucede que acabo viéndome como un mero espectador, lo cual me impide disfrutar plenamente del momento. Eso, y una palpable retracción de mi proyección del yo cuando la situación requería haberme troceado y expuesto en un mostrador. Os quiero. Lo digo en serio, aunque lo diga por escrito y a escondidas.


Uñas, tigre, astrolabio, fiesta de disfraces, carnicería. Mis dedos hoy no apuntan a nada, pero quien esté preparado para el espectáculo, entresacará lo más jugoso de entre el sebo verborreico.

Buenas noches, y de nuevo mis más sinceros deseos: sean felices.

(Madrid, 11/12/2008)